Smoke in the Eagle River Valley

Smoke in the Eagle River Valley is coming in from fires to the west. 

If smoke is thick or becomes thick in your neighborhood you may want to remain indoors. This is especially true for those with heart disease, respiratory illnesses, the very young, and the elderly. 

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VailDaily article: Sheriff James Van Beek: The curiosity of a child / La curiosidad de un niño Por el Sheriff James van Beek

Vail Daily article: Sheriff James Van Beek: The curiosity of a child / 

La curiosidad de un niño Por el Sheriff James van Beek (abajo)

The curiosity of a child … we all love it. There is an innocence about their quest for knowledge. We are amused with the child who takes apart an electronic device to see where the light is coming from and when that proves useless, they decide it must be coming from those two holes in the wall, and stick something in it to see if they can find that light. Suddenly, joy turns to panic, as curiosity takes a potentially deadly turn. It can happen that fast. 

As they grow older, they move on to riskier behavior. A child decides to make breakfast and realizes that stoves get really hot. Or there’s the adventurous soul who climbs a tree and jumps off to see if he or she can fly. Some parents even joke that their car is on autopilot to the emergency room. 

As teens, the risks become greater because now a sense of independence must be proven. It’s a right of passage. 

When our little darling is born, we are busy childproofing their entire world. Oftentimes, we find ourselves unable to unlock a cabinet or door, proving that we never quite mastered this whole adult thing. Yet, it becomes clear that we cannot childproof everything. 

However, unanticipated events or circumstances do occur, and we are caught off-guard. Despite our best intentions and preparations, we begin to realize that we can’t do it all, clairvoyance is not part of our skill set. 

This is especially challenging when dealing with toddlers. They are curious, easily intrigued, stubborn, and move very fast. How many of us have reached for something on a grocery store shelf and looked down to discover our child had wandered off. We panic, only to discover them playing in the next aisle. Or at home, the moment we enter the bathroom or pick up a phone, that child has disappeared and is up to no-good. 

In Eagle County, our environment offers so many additional temptations. There are exciting trails, cute animals, lots of dirt, and tons of rushing water. The sound, movement, and speed of a flowing river is enticing. It is also especially dangerous at the beginning of the season, with massive snowmelt. The thrill of it can be very appealing to a toddler. 

It was a regular summer evening. Sebastian was playing in the living room, dinner dishes were getting cleared away, and within moments, Sebastian was gone. 

Did he get past the safety gate and go to his room? Is he hiding? We can’t find him anywhere in the house. Did he manage to get outside? It’s getting late — where is he? He’s too little to just take off. It seems foolish to call the police, only to discover that he may be playing hide and seek.

The call came in. Our natural inclination, as parents ourselves, is that we will find this little guy playing somewhere in the neighborhood. Toddlers don’t understand time or distance. But, as minutes turned to hours, we began to worry about an abduction, being so close to I-70, or injury from a possible fall in the dark, or even an attack by a mountain lion.

Hours turned into days, which turned into weeks. None of us could sleep. All we could envision was this poor child somewhere alone and scared. Despite the pandemic, hundreds of volunteers combed the hillsides, searching for miles. How far could he have gone? With the river nearby, we all tried not to think of that possibility.

Organized was an entire community. Law enforcement, searching, investigating, and reviewing all possibilities, even criminal actions had to be considered and ruled out. The Eagle Police Department had the lead and their staff went above and beyond, utilizing every effort to find this little boy. The Sheriff’s Office was naturally called in, as were numerous state and federal agencies. No expense was spared, as hundreds of hours and every resource was made available. 

Everyone pulled together and worked tirelessly. Search & Rescue, with their unique training, took to the rivers and the most dangerous areas of the mountains. The fire department, which has specialized equipment, joined the search. Local businesses donated food and gear.

Ultimately, we discovered the tragic remains of this adorable boy. Living so close to the water, his mom tried to teach him about the dangers of a rushing river. Being a toddler, he only saw the shimmering waves and exciting sound. He had to explore — it’s the nature of childhood. 

We were all devastated. Tears spread across the valley.  

The family has suffered an unimaginable loss, one every parent fears. Even though this was thoroughly investigated and was found to be a tragic accident, psychologists say that parents who have lost a child will likely suffer depression, anger, guilt, despair, and loneliness. If you know the family, consider reaching out. We often don’t know what to say, but just being there says what words can never express.

We are incredibly grateful for all of the amazing volunteers who turned out from sunrise to sunset, day after day. You exemplify the ideal of a close and caring community. 

James van Beek is the Eagle County sheriff. You can reach him at

La curiosidad de un niño
Por el Sheriff James van Beek

La curiosidad de un niño ... ¡a todos nos encanta! Existe una inocencia en su búsqueda del conocimiento. Nos divierte el niño que desarma un aparato electrónico para ver de dónde viene la luz y cuando eso demuestra ser inútil, decide que debe provenir de esos dos agujeros en la pared y luego meten algo para ver si pueden encontrar esa luz. De repente, la alegría se convierte en pánico, ya que la curiosidad da un giro potencialmente mortal. Sucede tan rápido.

A medida que crecen, pasan a comportarse de manera más riesgosa, un niño decide preparar el desayuno y se da cuenta que las estufas se calientan mucho; o el alma aventurera que trepa a un árbol y salta para ver si puede volar. Algunos padres de familia incluso bromean diciendo que su carro ya lo tienen en piloto automático a la sala de emergencias.

En la adolescencia, los riesgos aumentan porque ahora se debe demostrar un sentido de independencia. Es una manera de demostrar que han crecido.

Cuando nace nuestra pequeña criatura, nos la pasamos creando esa burbuja para protegerlos de todo el mundo. Con frecuencia, nos sentimos incapaces de cerrar con llave un gabinete o puerta, lo que demuestra que nunca vamos a dominar el ser adultos. En conclusión, queda claro que no podemos hacer todo a prueba de niños.

Sin embargo, ocurren eventos o circunstancias imprevistas, y nos toman por sorpresa. A pesar de nuestras mejores intenciones y preparativos, comenzamos a darnos cuenta que no podemos hacerlo todo, el ver el futuro no es parte de nuestras habilidades.

Esto es especialmente difícil cuando se trata de niños pequeños. Son curiosos, se intrigan con facilidad, son tercos y se mueven muy rápido. ¿Cuántos de nosotros estamos buscando algo en la tienda de abarrotes y de repente nos damos cuenta que nuestro hijo o hija ya no está? Entramos en pánico, solo para descubrir que se puso a jugar en el siguiente pasillo. O en la casa, en el momento en que entramos al baño o contestamos una llamada, ese niño ha desaparecido y anda en busca de travesuras.

En el condado Eagle, nuestro entorno ofrece muchas tentaciones adicionales. Hay caminos emocionantes, animales lindos, mucho terreno y toneladas de agua desbocada. El sonido, el movimiento y la velocidad de un río que fluye es atrayente. También es especialmente peligroso al comienzo de la temporada, con el deshielo masivo. La emoción puede ser muy llamativa para un niño pequeño.

Era una tarde normal de verano. Sebastian estaba jugando en la sala, se limpiaban los platos de la cena y en cuestión de segundos, ¡Sebastian ya no estaba!

¿Pasó por la puerta de seguridad y se fue a su cuarto? ¿Se está escondiendo? ¡No podemos encontrarlo en ningún lugar de la casa! ¿Se las ingenió para salirse? Se está haciendo noche, ¿dónde está? Es demasiado pequeño para que ande afuera solo. Parece una tontería llamar a la policía, sólo para descubrir que puede estar jugando a las escondidas.

Llegó la llamada. Nuestra inclinación natural, como padres, es que encontraríamos a este pequeñin jugando en algún lugar del vecindario. Los niños pequeños no entienden del tiempo o la distancia. Pero, a medida que los minutos se convirtieron en horas, comenzamos a preocuparnos por un secuestro, por estar tan cerca de la carretera I-70, o que se haya resbalado en la oscuridad, o incluso algún ataque de algún león de la montaña, que deambulan por el valle.

Las horas se convirtieron en días, los días en semanas. Ninguno de nosotros pudo dormir. Todo lo que podíamos imaginar era a este pobre niño en algún lugar solo y asustado. A pesar de la pandemia, cientos de voluntarios peinaron las laderas, buscando por millas. ¿Hasta dónde pudo haberse ido? Con el río cerca, todos tratamos de no pensar en esa posibilidad.

La comunidad entera se organizó. La policía buscó, investigó y revisó todas las posibilidades, incluso las acciones criminales tuvieron que considerarse y descartarse. El Departamento de Policía de Eagle tenía la batuta y su personal maximizó todos los recursos, haciendo todo lo posible para encontrar a este niño. Naturalmente se le llamó a la Oficina del Sheriff, al igual que muchas otras agencias estatales y federales. No se escatimaron los gastos, ya que cientos de horas y todos los recursos se pusieron a disposición.  

Todos se unieron y trabajaron incansablemente. Los rescatistas, con su entrenamiento único, llegaron a los ríos y a las áreas más peligrosas de las montañas. El departamento de bomberos, que cuenta con equipos especializados, se unió a la búsqueda. Las empresas locales donaron alimentos y equipo.

Finalmente, descubrimos los trágicos restos de este adorable niño. Al vivir tan cerca del agua, su madre intentó enseñarle sobre los peligros de un río de fuerte corriente. Siendo un niño pequeño, solo veía las olas brillantes y el sonido emocionante. Tenía que explorar, es la naturaleza de la infancia.

Todos nos sentimos devastados. Se lloraron lágrimas por todo el valle.  

La familia ha sufrido una pérdida inimaginable, una a la que todos los padres temen. Aunque esto se investigó a fondo y se descubrió que había sido un trágico accidente, los psicólogos dicen que los padres que han perdido a un hijo probablemente sufrirán depresión, ira, culpa, desesperación y soledad. Si conocen a la familia, consideren en brindarles unas palabras de aliento. A menudo no sabemos qué decir, pero solo con estar con ellos se dice lo que las palabras nunca pueden expresar.

Estamos plenamente agradecidos por todos los increíbles voluntarios que se presentaban del amanecer hasta el anochecer, día tras día. Ustedes ejemplifican el ideal de una comunidad unida y solidaria.